Tenía tan solo seis años, como todo niño soñaba con casarme y formar una familia. Pero en ningún momento imaginé que todos esos sueños se verían truncados con un acontecimiento que marcaría mi vida para siempre.
Me encontraba jugando en mi habitación, cuando de pronto mi madre me avisa que saldremos a casa de mi tío, yo muy entusiasmado por este hecho emprendí camino muy alegre junto a ella.
Cuando llegamos a su casa, mi madre con mi tío establecieron una larga y sólida conversación. Mientras tanto yo salí en busca de mis primos que se encontraban jugando en el patio. Cuando llegue donde ellos, me encontré con la siguiente sorpresa…
-¡Uno de ellos se estaba besando con su mejor amigo!
Por el momento quede anonadado no sabia como reaccionar, que decir ni pensar. Hasta el momento que uno de ellos abre la boca para decirme:
- ¿Por qué no te nos unes?
Quedé perplejo, no sabia que palabras liberar, hasta que de un momento a otro se me acerca un amigo de mis primos y besa mis labios. Fue una sensación extraña, pero que me hacia sentir una satisfacción enorme.
Nunca dije nada de lo sucedido aquel día, el secreto estaba muy bien escondido por el bien de mis primos, sus amigos y sobre todo el mío.
Continué mi vida con normalidad, tuve algunas novias, pero la verdad había algo en todas esas relaciones que no me hacia sentirme satisfecho del todo.
Pasaron los años y ya era adulto, tome la decisión de ser sacerdote e ingresar al monasterio. Estando en el, creí que todas esas ideas que pasaban por mi mente me abandonarían. Pero lo que sucedió allí, no fue precisamente lo que yo esperaba. Dentro de el conocí a un chico que deseaba lo mismo que yo, dejar atrás su homosexualidad y convertirse en sacerdote.
Pasaron los años, nos convertimos en muy buenos amigos, sin jamás imaginar que me terminaría enamorando de él y él de mí. Comenzamos una relación a escondidas dentro del monasterio, siempre con el latente miedo de ser descubiertos.
Nos encontrábamos en el cuarto año y decidí retirarme, él hizo lo mismo. Aquello me hizo darme cuanta que en realidad quería estar conmigo, sabíamos que afuera había un mundo completo al que debíamos afrontar, por un lado estaban nuestras familias, por otro nuestros amigos, pero más importante que eso estaba nuestra felicidad.
Texto narrativo
Creado por Marisol González
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